El pasado 25 de abril, el escenario costarricense volvió a recibir a la banda argentina Mi Amigo Invencible, en lo que fue su segunda visita al país y una noche que confirmó el vínculo emocional que han construido con su público local.

La previa: un ascenso prometedor

Antes del plato fuerte, la banda costarricense Ascenso tuvo la tarea —y el acierto— de abrir la velada. Con una propuesta fresca que transita entre diferentes géneros como pop, rock y reggae, lograron encender la energía del público desde los primeros minutos.

Canciones como “Mil Estrellas” marcaron el tono de una presentación cargada de sensibilidad, donde las melodías evocaban romances y escenas de tardes frente al mar. El vocalista Elías Mora conectó con la audiencia a través de un mensaje sencillo pero potente: el amor como fuerza que sostiene incluso en medio de la incertidumbre. Fue una apertura que no solo calentó motores, sino que dejó claro que la escena emergente nacional sigue en ascenso.

Una montaña rusa emocional

La expectativa crecía con cada minuto hasta que, finalmente, las luces dieron paso a los primeros acordes de “Gato Negro Pasa”. Bastó ese instante para que la euforia se desbordara: gritos, saltos y una conexión inmediata entre la banda y el público.

Desde ese inicio con tanta fuerza, el concierto se sostuvo como una auténtica montaña rusa emocional. La audiencia acompañó cada tema a todo pulmón, mientras la energía colectiva se intensificaba canción tras canción. La propuesta de Mi Amigo Invencible tiene esa cualidad particular: invita a soltarse, a dejarse llevar por letras que rozan lo íntimo y sonidos que envuelven.

La intensidad también dio paso a momentos de nostalgia con piezas como “Suavemente Entusiasmado”, donde el tiempo parecía detenerse. En varios momentos de la noche, Mariano Di Césare expresó su gratitud por el recibimiento costarricense, destacando lo especial que resulta tocar tan lejos de casa y, aun así, sentirse tan cerca.

Uno de los puntos más emotivos llegó con “Noches de Ciencia Ficción”, fusionada con un guiño inesperado: un cover de “Flaca” del icónico Andrés Calamaro. El resultado fue un momento colectivo suspendido en la melancolía.

El repertorio fue un recorrido por distintas etapas de su carrera, integrando temas de discos como “La Danza de los Principiantes”, “Dutsiland”, “Nuestro Mundo” e “Isla de Oro”, junto a canciones de su más reciente trabajo, “Arco y Flecha”, que la banda presenta en su gira 2026. Esta mezcla permitió experimentar la evolución de su sonido sin perder la esencia que los define.

San José fue una de las ciudades elegidas en Latinoamérica para esta gira, y se notaba que el reencuentro era esperado tanto por la banda como por sus seguidores. El cierre llegó con un “Acto de fe”, acompañado de saltos y una sensación de comunidad que se extendía más allá del escenario.

Lo que quedó fue algo más que un concierto: una experiencia compartida que se instala en la memoria de quienes estuvieron ahí. Sin duda, una de esas noches que se guardan en el corazón.

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Fotografías: Paula Zuñiga @pau4z

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Diana Cordero

Politóloga y periodista apasionada por el arte y la naturaleza en cada acción.
IG: @bohemiabloguera

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